La mayoría de los vecinos contribuyen toda su vida sin tener voz en cómo se usa esa contribución. Citixen cambia eso.
Cada vez que pagás un impuesto, estás financiando tu ciudad. Pero hoy esa contribución es invisible: entra a una caja común y no sabés si terminó en una plaza, en un semáforo, o en nada.
Citixen hace visible lo invisible.
Cuando tu municipio activa los Créditos Cívicos, cada contribución fiscal que hacés se traduce en capacidad de decisión real. Podés apoyar los proyectos que te importan: la vereda de tu barrio, el comedor del club, el refugio para animales.
No es dinero. No se compra. No se vende. Es tu voz, proporcional a tu esfuerzo.
A esa capacidad de decisión le llamamos
Y funcionan así:
Nada cambia en tu rutina. Seguís pagando como siempre.
Un porcentaje de lo que pagaste se convierte en Créditos Cívicos en tu cuenta de Citixen. Automáticamente.
Proyectos reales de tu ciudad: infraestructura barrial, programas sociales, iniciativas vecinales. Vos decidís.
Cuando un proyecto alcanza su meta de financiamiento, se pone en marcha. Tu decisión tiene efecto directo.
Cada crédito, cada proyecto, cada desembolso. Trazable y auditable. Sin cajas negras.
Los Créditos Cívicos no son dinero, no se transfieren entre personas y no tienen valor comercial. Son la forma digital de decir: “yo contribuí, y quiero que mi contribución vaya a esto”.
El municipio define las reglas: qué porcentaje de cada impuesto genera créditos, qué proyectos son elegibles, y cuándo se ejecutan. Los vecinos priorizan dentro de ese marco.
El presupuesto participativo no es nuevo. Ciudades de todo el mundo lo implementan desde hace décadas. Porto Alegre lo hizo en 1989. En Argentina, más de 50 municipios tienen algún mecanismo de participación presupuestaria.
Lo que es nuevo es hacerlo bien.
Sin papel, sin asambleas de 3 horas un martes a las 19, sin urnas que nadie cuenta. Con una plataforma donde cada vecino participa desde su teléfono, en el momento que quiere, con la información completa sobre cada proyecto.
Citixen no inventa el presupuesto participativo. Lo hace funcionar de verdad.
Activar los Créditos Cívicos no significa que los vecinos manejen el presupuesto. Significa que el municipio tiene un canal digital, transparente y auditable para involucrar a la comunidad en decisiones que antes tomaba solo.
Lo más caro de activar tecnología en un municipio suele ser el riesgo. Acá no hay.
No. Los Créditos Cívicos no viven en blockchain, no se minan, no se tradean y no tienen cotización. Son un registro digital interno de participación, operado por el municipio.
No. Los créditos se usan para apoyar proyectos. Cuando un proyecto se completa, el municipio desembolsa los fondos al ejecutor — fondos que ya estaban en la caja municipal. No se genera dinero nuevo.
De tus obligaciones fiscales: impuestos, tasas, multas. Cada crédito tiene origen en una contribución real.
Tus créditos vuelven automáticamente a tu cuenta. Sin excepción, sin demora.
No. El sistema escala desde municipios de 5.000 habitantes. La mayoría de los proyectos públicos más urgentes están en ciudades chicas, donde el impacto es inmediato y visible.
Descargá la app y buscá tu ciudad. Si todavía no está, podés registrarte para ser parte de los primeros vecinos en pedirlo.
Cada ciudad que se suma a Citixen empezó con dos tipos de personas: vecinos que decidieron pedirlo, y municipios que decidieron escucharlos.
Descargá la app, registrate y elegí tu ciudad. Si tu municipio ya usa Citixen, ya podés participar. Si todavía no, tu registro es la primera señal de que debería.
Descargar en Google PlayEmpezá gratis con Modo Comunidad, sin tarjeta. Probá antes de evaluar Créditos Cívicos. Sin desarrollo a medida, sin contrato, sin penalidades.
Agendá una conversación